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Alta sensibilidad el superpoder olvidado

El 20 de Febrero de 2016 Kurt Cobain habría cumplido 49 años. Hay un documental sobre la vida del cantante, “Kurt Cobain: Montage of Heck”, bastante original en su estructura y uso de distintos recursos. Mezcla animaciones, testimonios, vídeos de archivo y grabaciones domésticas desde su infancia hasta los últimos días junto a su hija Frances y Courteney Love.

La cinta muestra a un Kurt Cobain frágil, hipersensible, marcado por una infancia desbocada y una adolescencia que ya presagiaba un posible futuro desalentador. Una historia coprotagonizada por compañeros de viaje poco aconsejables que no entendieron lo que escondía aquel chico rubio de ojos claros. Pero sobre todo, y sin duda el único determinante, malas elecciones por parte de Kurt

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Todos nacemos puros, libres de miedos, heridas, rencores… Algunos lo tienen más “difícil” son personas más sensibles a los cambios, los sucesos desagradables, los rechazos… Así era Kurt Cobain, así son millones en el mundo, personas que en su mayoría al llegar a su etapa adulta se vuelven más intuitivas, creativas y empáticas, muy por encima de la media. Todos ellos comparten en común una cualidad, la alta sensibilidad.

Seguramente en ese camino hacia la madurez las personas altamente sensibles habrán gritado, gimoteado como niños, mostrado su furia en público… muchas veces, tanta veces que ya ni lo recuerdan, o si lo recuerdan no están orgullosos precisamente. Habrán amado desde las entrañas y odiado hasta los puños. En algún momento se habrán dado cuenta que donde unos ven una película lenta sin argumentos, ellos encuentran un universo plagado de emociones y sentimientos. Se habrán percatado que cada vez que escuchan “la canción” su corazón se acelera como aquel día. Habrán visto que el otoño es un melancólico compañero que siempre trae consigo historias de un pasado que ahora parece maravilloso aunque nunca llegó a ser gran cosa.

Y tras tanto lloro, grito y sufrimiento en vano llega el día en que se hartan. Deciden plantarle cara a esa “debilidad” y buscan que se podrá hacer con ella. Un día descubren que toda esa capacidad de percepción artística se puede convertir a su vez en creación artística. Otro día se sientan cara a cara con la memoria y la ponen en su sitio, para que ni enaltezca los grandes recuerdos, ni saque a relucir los fracasos ni las decepciones. Allí donde amaron desde las entrañas lo siguen haciendo, incluso más fuerte porque ahora lo hacen en una forma más consciente. Y ya no sacan los puños para odiar, porque ya no odian. Porque han descubierto que los sentimientos cuanto menos se practican se acaban olvidando.

Bello superpoder el de la alta sensibilidad, ¿no crees?

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SIN AGUANTARSE LAS GANAS

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Pues que me perdone el refranero popular porque de procrastinadores emocionales está el cementerio lleno. Porque no es lo mismo encontrar el momento justo que el sentimiento te encuentre a ti a por uvas y embadurnado de harina de otro costal. Que sí, que no es fácil, que las mudanzas de verdad te llenan de cajas el recuerdo y el trastero del corazón cada año se hace más pequeño.
De pequeño oías aquello de que sabe más el diablo por viejo que por diablo y llegas a mayor y descubres que hay diablos viejos en el alma, que parecen inmortales en vida y almas inmortales que siempre hubiesen muerto demasiado pronto. Eso sí nunca es tarde para equivocarse, volver a empezar, dejar algún vicio, empezar un buen hábito, pedir ayuda, dar las gracias, pedir perdón, que te dejen, que te rompan el corazón, romper tú alguno… Nunca es tarde para enloquecer, amar antes de que sea tarde, decir me gustas siempre que se te conjugue el verbo en el alma porque para amar no hacen falta palabras… Porque no es loco el que ama, el que quiere, el que siente, el que canta o baila cuando le viene en gana, el que abraza o besa sin aguantarse las ganas. Sino el que por temer a la locura acaba sumido en la enfermedad de lo superficial.
Que me libre de una vida de lugares comunes porque no alimentan el alma. Que me llene de una vida de idas y venidas, de vueltas a empezar, de cicatrices en el alma que se convierten en bellos tatuajes. Que la memoria de mi retina acabe plagada de momentos simples, bellos, de esos que te aprietan el corazón porque para lugares exóticos ya están las postales.